La peor soledad es la de los recuerdos

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El cine es un peripecia que coincide entre lo que estamos esperando ver y lo que posiblemente nunca en ningún otro medio de imagen en “tiempo real”, veremos.

Marc Augé entabla un principio de ficción-relato en la senda de las vivencias propias con el prototipo de una investigación de campo con una película como lo es Casablanca… Por ejemplo, toda película que nos ha gustado, un día comienza a ocupar un lugar en nuestra memoria, junto a otros recuerdos. Es un recuerdo entre otros, sometido como ellos a la amenaza del olvido, a la erosión de la memoria.

Pero es que acaso la memoria es tan diluible como el agua con tinta? No. Medir la diferencia entre la imagen de la memoria que ha vivido su propia vida y la de la pantalla que no se ha movido es simplemente un acto de fe. Quizá todo mundo se ha imaginado alguna vez una escena que quisiéramos inmortalizar en pantalla grande, y que hemos vivido, como para demostrar al otro: “Mírame, yo estoy en ésta situación!”. Sin embargo, también quisiéramos que nuestros recuerdos más absurdos, los más catastróficos NUNCA se supieran. Y he aquí el acto de confesarse ante lo que sería el espectador, incluso, el espectador mismo como el recuerdo, la memoria, los deja vú.

Recuerdo un momento especial de mi infancia, en esencia, no recuerdo muchas partes de mi vida por el kínder, sin embargo, el único vago recuerdo que contemplo es un acto donde entro al salón de Música y encuentro a mi maestro de piano sonriendo a mi maestra, en donde ellos estaban solos… Era un acto tan sutilmente inadecuado para quien era un amor platónico, como tiempo después y pensándolo ahora, era la escena más romántica que enmarca una desilusión amorosa. Tal cual cuando suena As time goes by de Casablanca.

El cine me inspira un sentimiento de algo ya visto o ya vivido que duplica mi goce, porque allí se entremezclan dos placeres por lo general incompatibles: la espera y el recuerdo. El relato del pasado se realiza en el presente. Esa es la fuerza de la imagen, pues siempre nos lleva al presente de la acción, nos lo impone.

Así, los recuerdos duran porque nos los proponemos recordar, somos tan temerosos de desprendernos de las situaciones que hemos vivido por una idea de alejamiento con nuestra vida, la vivida, la que pasamos día, tarde y noche, porque lejos de pertenecernos, nos queremos hacer dueños de la mente del otro. José Emilio Pacheco mencionaba al respecto: Las nubes duran porque se deshacen.

El milagro del cine es que esa imagen que vemos, no es imaginada, sino que la observamos. Volver a ver una película es reencontrar un pasado que conserva toda la vivacidad del presente. El milagro del cine es que nos impone la evidencia física de héroes que conservan su juventud, mientras que nosotros envejecemos.

Cuando la memoria y la melodía se interpretan sin cesar, se pierden tanto el encanto del pasado como el deseo del futuro que dan al presente su intensidad. No obstante seguimos con la idea del recuerdo. ¿Qué seríamos nosotros sin la condición de tener la necesidad de sentir algo cuando interpretamos los pensamientos?

Mis películas favoritas son La Historia Sin Fin y El Padrino. Ambas apelan a las sensaciones del problema. Superar los temores de saber la verdad y saberse aptos para afrontarlos. A quien no se le hace chinita la piel cuando vemos al joven Atreyu que debe de pasar por las efigies que tienen láser en los ojos y puedes ser quemado? Esa loca idea de no decir la verdad… o mejor dicho, decir la verdad pero que no sea comprensible para los demás son situaciones verdaderamente fáciles de imaginar en nuestra cotidianeidad. Nunca olvidaré la felicidad de los gnomos que vivían en ese mismo lugar viendo siempre pasar caballeros sin suerte… La vida va más allá de la suerte. La vida se trata de no hacer cosas buenas que parezcan malas y viceversa.

Hay una frase muy tentadora, para cerrar el caso Memoria-Cine:

Trato de recordar. Pero no tengo la fuerza ni tal vez el deseo

Robert Desnos.

L´Homme qui a perdu son ombre

No, la importancia del cine, del recuerdo, de aquello que es la vida, es el mero segundo en donde se retoma y se piensa que para muchos y a manera de una falsa melancolía de los que saben que todo puede comenzar o bien, de los que creen que todo ha terminado, ese espacio ambiguo entre el pensar y el hacer, o entre el querer y que juegan con el deseo y el lamento, el deseo del lamento y el lamento del deseo. Sin más preámbulos.

Septiembre, 2013

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