Lonchería Agua Azul

Favor de pagar con cambio

Hay cierto misterio en el tema de loncherías, al menos creo que por generaciones se ha impulsado una idea que no es cierta. La mayoría de mis amigos cuando les pregunto por loncherías, tienen la idea de ser espacios donde sólo se limitan a vender tortas, por alguna extraña razón complementan la idea y me dicen que sus sillas son anaranjadas, tienen periqueras y casi siempre se ve la pierna o el jamón con la que preparan peculiar platillo.

Lonchería es y será un espacio en donde puedas comer un Lunch. Suena un poco tonto la definición pero así es, a diferencia de otros lugares, las loncherías son lugares en donde lo  mismo te pueden dar un café, un pan, que tener comidas muy completas, la diferencia son sus costos y las porciones, ya que generalmente son platillos fáciles de hacer y que pueden tener un servicio “para llevar”.

El auge de éstos sitios fue a finales a mediados de los 70, ya que las personas, principalmente trabajadores de oficina buscaban espacios de rápido consumo (a diferencia de los fast food que pocas veces tienen consideración por un cuadro nutrimental) y que contaran con cercanía a su lugar de trabajo, por ellos el diseño de sus espacios es reducido. Sin embargo, el menú o carta, se podía contar con él todo el día y no sólo a la hora de la comida.

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Lo mismo santos que luchadores, algún famoso, talavera de Puebla o las flores de plástico adornando los espacios, encontramos la Lonchería Agua Azul (Enrico Martínez #30, Centro, muy cerca del metro Balderas). No es un espacio grande, yo lo describiría como el lgar idóneo para recordar el México de los 80.

Azul por todos lados, sus sillas, sus mesas, tal libro de Rubén Darío por el  mismo nombre. Entras, ves la cocina, te sientes bien de entrar ahí, de pronto volteas porque sientes la mirada, y te encuentras enorme espejo casi del tamaño de la pared, la cual te hace vislumbrar a 270º toda el área del lugar. En una pared, de manera peculiar un altar a santos… muchos santos, quizá no olvidamos que esta colonia fue de las castigadas durante el temblor de 1985 y por eso, dado que la lonchería se encuentra en un edificio antiguo, te puede rememorar a que los espacios bien usados, sin falta de diseño “vintage” pueden ser más alternativos que otros ubicados en La Condesa, Roma, Del Valle, etc.

El menú? todos los días cambia. Todo tiene sazón a comida casera. Ya sabes, ese arroz de la abuela, la sopita de la tía, el guisado de la madre… $35 pesos una sopa, una sopa seca, dos platillos (a los vegetarianos es una opción aunque el lugar no lo es) y medio litro de aguar.

Éste lugar que se encuentra entra las calles de Tolsá y Av. Chapultepecc, contiene una gran ventana asimila la perfección de la herrería que la enmarca, la cual quizá fue hecha en los años 40 por el diseño floral sin llegar al art noveau y que tiene material fuerte, no como los diseños que ahora enmarcan millones de casas de la ciudad, sobre todo las de interés social. Justo en esa misma ventana, dos pequeñas especies de cactáceas son visibles sólo desde el interior y una copa más (similar a la de una michelada o un jugo) contiene 3 limones sumergidos en agua, lo cual al parecer funciona como repelente… al menos es la impresión al contar 8 mosquitos en la misma, sin embargo nada asqueroso para la convivencia del lugar,.

Al fondo escuchas la tele, si, horario de comida, horario de novelas, dramáticas, quizá… pero a menos de una esquina se encuentra Televisa Chapultepec, quizá por eso el espacio aún en su nostalgia se resiste por una televisión de 12 pulgadas a ser apagada o mejor aún, a ser cambiada por alguna oferta del Buen Fin de alguna pantalla.

Esperen al espacio, para los que les gusta comer bien, pero ameno. Esperen por lo que tengan que comer, pero si quieren tener una sensación de apetito satisfecho, sin mamonerías de comidas, sin el bullicio de la gente, sin el humo de las cocinas, sin la contaminación de los puestos “de afuera”, quizá hasta con la sensación de un México Surreal tal cual película de Buñuel, éste es el lugar para ir.

Lo mismo sillas que periqueras.

Lo mismo plato de metal que de porcelana.

Lo mismo la bienvenida en la entrada que la sonrisa de la doña en la cocina.

Lo mismo comida casera que tortillas de maiz.

Lo mismo pagar con un billete grande (si comen varios) que pagar con cambio (muy sugerido)

Lo mismo… pero una lonchería tradicional.

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