La proliferación de la cultura… o lo que se viene llamando “moda”

LA BECA DE SATURNINO HERRÁN

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Mucho se ha hablado de la academia y la formación artística. La reflexión sigue al aire sobre si una escuela realmente puede formar a los artistas o bien, es la parte de producción diaria el que puede funcionar para impulsar a los artistas emergentes, así como el deber del productor artístico de hablar de lo que le pasa hoy en día a la sociedad en varios aspectos (política, economía, cultura, etc.). No así, el hecho de encasillar y separar a los artistas en productores de diversas índoles ha manifestado desde los museos, las academias y qué decir de las galerías, de aquella tradición de quienes nos acuñamos (ya sea por espectadores o porque alguna vez hicimos hincapié en su formación) de producciones antañas como la pintura o la escultura, tengamos que reflexionar en torno de nuestros pasados hacia los contemporáneos y su forma de cómo se insertaron en el ambiente cultural del país y no sólo de eso, sino de la reflexión de su producción y sociedad. Tal es el caso de Saturnino Herrán, quien viviendo durante los años decisivos de la Revolución, capturó la vida cotidiana, retrató su círculo intelectual, indagó en la identidad mexicana y buscó representar el alma nacional a partir del individuo, el cuerpo, las leyendas indígenas y los edificios coloniales. Y a diferencia de otros artistas, él decidió no sumarse a la guerra y se quedó dando clases en la academia, convencido de que era “el arte y no la barbarie lo que salvaría al país”, como dijo a su médico en el lecho de su muerte: “Doctor, no me deje morir porque México necesita de mi pintura.”

A primera vista, parece que de un momento a otro se da el cambio de percepción estética del tradicional neoclasicista a la nueva sensibilidad moderna del artista en los terrenos contemporáneos; en donde de manera radical y esporádica ya hay una clara definición de la expresión pictórica de México en los lugares públicos y qué decir de sus temas, de la década de los años 20. Pero ¿en qué momento el papel protagónico de los lienzos fue la visión del artista? Esta creación que separa del modelo mismo tiene como primer percusor a Herrán, que formado en los primeros años del siglo XX tuvo el ímpetu de saltar de aquella tradición que representa a aquel arte moderno que expresa. (Neomexicanismos. Del Conde, Teresa. IIE, UNAM)

Al ser pupilo de pintores de la talla de Leandro Izaguirre, Antonio Fabrés, así como de recibir influencias de Julio Ruelas y Zuloaga o colegas como José Clemente Orozco o Diego Rivera, además del sensible temperamento que tenía, armaron una combinación que propicia un primer camino para comprender el arte de Herrán. Esta mezcla de enseñanzas adiestró pinceladas con la capacidad de amalgamar tendencias impresionistas, sintéticas y realistas. Por otro lado, durante la etapa de estricta formación y apogeo, la obra de Saturnino se desarrolló en distintos sucesos tanto a nivel personal (economía y familia), estético y político que también influenciaron la producción del artista. Creo sin embargo, que fue también la vertiente de contar con un espacio que si bien era académico, se distinguía por tener un referente estudiantil de tiempo completo destinado a vivir de su producción debido a una apreciación sencilla de la obra artística sin el referente del mainstream de esferas sociales que quisieran tener algo de moda más que por gusto.

Así, creo que la producción de Saturnino Herrán, al tener sus ejercicios formativos que se vieron envueltos en los síntomas de discordia que venían armándose desde finales del siglo XIX entre alumnos y artistas consagrados, que justo en ese momento se reflejaban en la disyuntiva de enseñanza y práctica estética, situación que no estaba aislada del proceso de transformación que a nivel internacional se vivía. Similar a Francia y España el arte en México mostraba las carencias heredadas por influencias extranjeras, movimientos bélicos, descontento político, etc. que en México se reflejó en los contrastes de estilos y en la ausencia de originalidad de las obras de finales del siglo XIX y primeros años del XX. Así, la academia en vez de formar artistas que practicaran sus campos y reflexionaran en torno a la nueva visión de las técnicas y la práctica en sí, se dedicaron a establecer escaparates. Un poco creo que la tendencia ahora de La Esmeralda es la misma formación que en esos años se experimentó, por el sólo hecho de la vinculación con el quehacer histórico de ser una institución federal, y establecer los artistas de moda, que a atender a su alumnado a preocuparse por su formación seria para la buena producción y reflexión crítica de su producción.

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Si bien, el propio Herrán fue un alumno ejemplar durante su vinculación académica como estudiante, también se sumó al descontento de las influencias europeizadas que se trataban de implementar en la academia, tratando de imitar otras tierras en vez de involucrarlas de manera reflexiva, en vez de hacer copias. La llegada de tales influencias, se sumó al descontento entre los jóvenes artistas que anhelaban un cambio en el sistema educativo. Herrán no tuvo una participación activa (como muchos de los estudiantes) en la búsqueda de la transformación académica,, sin embargo, sus obras son documentos vivos que ejemplifican claramente la influencia que su contexto provocó en él. Así él también formó parte del Ateneo de la Juventud, que junto con grupos pertenecientes a la bohemia de moda generaron la única forma de protesta artística del régimen político.

Entonces, teniendo todo esto como referente, mi crítica define que hoy en día los artistas no deben dejar todo por parte de la institución, si bien un grupo de artistas también llamados emergentes en los inicios de los años 20 comenzó la gestión de espacios públicos para el uso de paredes y entonces convertirlos en grandes murales, se logra de la misma forma, que el artista libere su propio estilo estético y madure su visión crítica, si esto ha pasado, ¿qué acontece ahora a  los estudiantes de arte que esperan siempre que las becas emanen de la institución, pedirle todo al estado y ¡que ofrecemos nosotros a cambio? ¿crítica? ¿reflexión? ¿producción?.

Siempre he creido que son importantes los puntos de reflexión que puedan desencadenar cualquier exhibición, pero a últimas fechas, he visitado lugares (museos y galerías particularmente) en donde e atavío de mostrar al “mejor artista” de reconocer “la mejor producción” o de “llegar al lugar donde todos quieren exponer” ya está por demás desgastado, sin embargo, nosotros como espectadores, quienes en ocasiones pagamos la entrada, quienes en algunos otros casos nos desplazamos porque nos han relatado que tal muestra vale la pena, o quienes hemos leido reseñas de personas que “saben”, nos encontramos en éstos sitios todo menos una reflexión real de la producción artística actual, ya no digamos a nivel internacional, sino nacional. Por qué nosotros como espectadores no podemos exigir seriedad en la producción, por qué las becas se comisionan sin un grupo real sin favoritismos que puedan ejercer más que el voto por dedazo, a proyectos que contemplen la formación activa y participativa del artista, ya no digo con la sociedad, sino con la lealtad a su trabajo?

Hace poco revisaba la Bienal Tamayo… y todos se quejan, pero aquellos que se imploran por que no desaparezca, porque no se abra a nuevos medios, tampoco participan, entonces ¿es bueno criticar, pelear… pero no participar? Si queremos que una colección siga, que se hable de ella, que se haga vínculos y demás, entonces… por qué no gestionar proyectos de Difusión, y entre ellos un espacio de crítica y reflexión con los actores del medio, almenos con casi TODOS los actores del mismo. Es justo y es necesario. La reactivación de esas disposiciones sólo se lograrán cuando los proyectos de Difusión del Arte y de la Cultura en verdad sean significativos, es decir, cuando en realidad se promueva la reflexión y la crítica paralela, no es bastiones de popularidad o moda.

El arte de Saturnino implicó una libertad de expresión síntoma de los cambios estructurales a nivel internacional y nacional. Pero sin duda el haber utilizado técnicas de vanguardias y adaptarlas de acuerdo al conjunto de la escena  es una cualidad muy avanzada para su época. Su obra es fusión de casi todas las tendencias estéticas internacionales que convergen en su época por lo que es el ejemplo claro del periodo de transición del arte académico al arte contemporáneo.

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