hay que entender el lenguaje del mar.

“Y heme aqué, frente a la inmensidad… 2 días de caminatas, 2 días de velas y camping enmedio de la nada, sólo el silencio y los atropellos del sonido de las olas a lo lejos… demasiado lejos, y aquí, pensando en silencio, pensando… meditando, recordando, riendo, llorando, y enmedio de la gran oscuridad del otro lado sale la luna. De pronto escuchas cómo truenan los árboles, por alguna extraña razón vuelvo a cerrar los ojos y enmedio de todo, sólo hay ruidos y viento… luego de 2 días de caminata, de platicar con gente desconocida, de regalar abrazos y sonrisas, de comer aquello que nunca imaginabas probar… luego de eso, heme aqui sentada frente a la inmensidad, arriba de Punta Cometa, esperando minutos para ver el atardecer, aquí sentada, vigilando la bahía, aquí sentada escuchando los pulmones de las olas que revientan frente a las grandes rocas… morado, anaranjado, rosa, púrpura, azul, amarillo… todo en el cielo, abajo a lo lejos por fín aparecen, miles de mantarrayas, un cardumen entero pasando por abajo y simplemente yo, esperando los minutos por lo que valió la pena la espera… De vez en cuando hay que entender los lenguajes del mar, de vez en cuando hay que callar, y sólo observar”

Maravilloso es poco.

El mar es inmenso.

El viento silencioso que secaba mi ropa y yo enemdio de la nada, hasta arriba con mi cabello alborotado y los pies descalzos, el cuerpo tostado y toda yo frente a la inmensidad.

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