De esos momentos

Te das cuenta que hace mucho que no escribes.

Te das cuenta que las versiones lentas de los grandes singles son eso: versiones lentas.

Sales un día por la noche a caminar y simplemente te encuentras enmedio de una gran ciudad de luces.

Llevas una cámara en la bolsa de tu abrigo, ese abrigo ligera para el término del invierno y el principio de la primavera (la maldita primavera que provoca saque todas las faldas de mi armario).

Caminas… ríes y te acuerdas de la estúpida noche que tuviste un día antes por comer una galleta “mágica”.

De pronto te paras y ahí está… la misma basura cómica que cuando eras niña te emocionaba.

Letreros, parques y una noche de invierno (aún) a la mitad de santa fe. Ese lugar de donde aprendiste hablar, caminar, comer, reir y llorar.

En semiótica te dicen que para entender de lo que se habla, debes desmenuzar todo. Desnudarlo, llegar a la esencia y simplemente así, podrás analizar el siguiente campo.

Alguna vez alguien me dijo: me das tanto miedo por tu seguridad. No es seguridad, es el uso simple del lenguaje, aquel que la gente no entiende y que cuando uno lo sabe manejar bien, puede tener cinismo de hablarlo.

Leí hace unos días:

»Creé la lengua de la boca que los hombres desviaron de su rol, haciéndola aprender a hablar… a ella, ella, la bella nadadora, desviada para siempre de su rol acuático y puramente acariciador.»
Mi paracaídas empezó a caer vertiginosamente. Tal es la fuerza de atracción de la muerte y del sepulcro abierto.
Podéis creerlo, la tumba tiene más poder que los ojos de la amada. La tumba abierta con todos sus imanes. Y esto te lo digo a ti, a ti que cuando sonríes haces pensar en el comienzo del mundo.

Yo quiero estar arriba, dentro de un paracaidas, caer vertiginosamente y que nada me detenga. Que se sienta ese dolor al madrazo estupidizante de un tonto salto, sólo por la opción de escoger hacer algo, provocarlo y mantenerlo. Esa es la verdadera semiótica.

No Peirce, No Barthes, no Sousseau…

No hay identidades, es ridículo pensar que algo o alguien te identifica. Las identidades son límites, me gusta pensar que no tengo un límite, al menos no uno decente como parar de hacer lo que uno sueña.

Zygmant Bauman decía: LA IDENTIDAD EXISTE EN CUANTO LA MENCIONAS. EXISTE EN CUANTO LA PIENSAS.

Clement Rosset contestaba: LA IDENTIDAD ES SOLO SER IGUAL A UNO MISMO, ES DECIR, LA IDENTIDAD ES SER IDENTICO A SI.

El crear vinculos, sociedades, amores, pasiones, trabajo es sólo eso, creer que se puede ser idéntico al otro, a la necesidad y falta de ALGO.

Es como cuando mencionas el Objeto Singular. El objeto singular es el objeto (cosa, animal, humano) que debes ponerle un título porque somos incapaces de abstraer todo al último pedazo. Debemos mencionar SIEMPRE un nombre para confiarnos, así la idea de perro se descompone, se pierde cuando menciono Camilo… Anakin.

Anakin murió el 1 de enero de 2012.

él era el perro de mis padres, mi perro finalmente. Llegó desde el mercado de Sonora, al ser el único que se quedó cuando me acerqué a la jaula mal hecha de aluminio que cubría todo su cuerpo. Anakin, pasó por 3 operaciones de los ojos porque sus párpados (finalmente era un sharpei) se enroscaban tanto que podía llegar a perder la vista.

Anakin era el perro que me acompañó 4 años de la universidad durante largas noches, madrugadas y mañana haciendo fotos, diseñando, peleandome con la impresora y riéndome. Si alguien me gritaba en mi casa, él salia se sentaba frente a mi y luego gruñía a quien osaba gritarme.

él dormía en mi cama cuando yo no estaba y le ladraba a quien osaba mover mis cojines (los que nunca usé pero él si gustoso peleaba)… él, que que dejaba de comer cuando salia de viaje. El que escandaloso cuando llegaba a casa, el que no dormía hasta que llegara a casa. El que creo fue el único que me extrañó cuando me fui de la casa de mis padres ( y no porque mis padres no lo hicieran) sino porque era la única persona que podía hacerle sus masajes en su lomo arrugado.

Si.. murió en un mal día. Justo cuando yo regresaba en año nuevo. No pude despedirme como uno quisiera. Es más . Lloré tanto en el bus de regreso que cuando llegué, sólo pasé por Camilo a casa de mis padres y abracé tan fuerte a mi padre, que no pude decir nada. Dicen que tardó en irse. La inyección al parecer se resistía… o él se resistía al irse. Finalmente el cáncer de garganta de Anakin pudo más. No es un objeto singular Anakin, simplemente era el perro de mi juventud. Esa que pienso ya está pasando cuando veo mis ojos, mis manos y no me reconozco frente al espejo y entonces… comienzo a reir.

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El dia que murió, ese día sobre la carretera, venía con el sol dándome en la cara.

De pronto pensando en Rosset, pensaba en la forma en como mi perro se despediría. Al final, casi llegando a la ciudad de México, aparecieron caprichosamente unas nubes en el cielo… esto fue lo que capté. No se parece a Anakin, pero es más como un Camilo. Entendí entonces que no hay despedidas perfectas, simplemente momentos que vives o dejas pasar.

Ese mismo día por la noche, Turquía hizo su aparición, no conocía nada de ese país, pero me pareció lo más noble para empezar el 2012.

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