ALBEDRÍOS IMBORRABLES – Rafael Monroy Mondragón

(Vacio nocturno).

Hablar de una alteración de sonido, es en muchas ocasiones, hablar del cuestionamiento de la praxis de experimentación sonora. En esos casos, el hombre construye mundos imaginarios y crea fantasmas y quimeras con el fin de esquivar la tragedia universal de la existencia y de la historia. La depuración del concepto de lo real supone la depuración del lenguaje que construye de alguna forma la percepción e intelección de ese mundo exterior en nuestra mente y su relación con el yo.

Rafael Monroy (México, 1981) parte de la diferencia fundamental entre el vacío y la tecnología; pero el vacío visto desde un ambiente normal de nuestra interacción con los mass media, ese ensamble de imágenes superpuestas que van más allá de una analogía de la imagen prefabricada. Consiste entonces en un vacío romántico y el vacío alegre: el primero fracasa al describir lo que no existe, el segundo al hacer el recorrido completo de lo que existe. En otras palabras, la alegría siempre anda relacionada con lo real, mientras que la tristeza se debate sin cesar, y ahí reside su propia desdicha, en lo irreal.
Por sus videos, podemos recordar la fragmentación de las imágenes, aquellas que construyen una estética abstracta y laberíntica, en el que cada fragmento opera independiente pero, a su vez, queda encadenado al continuo temporal de un instante narrativo único. Podemos retener el mundo entero en nuestras cabezas.
La aceleración y los estados alterados de la mente con la música y los videos que nos presenta. Los ambientes psicotrópicos. La representación electrónica de la mente en la cartografía del hipertexto. Las autopistas de la información, donde todo acontece sin tener siquiera que partir ni viajar. Es la era de la llegada generalizada, de la telepresencia, de la cibermuerte y el asesinato de la realidad. El mundo como una gran cámara de vacío y de descompresión. Como la marginación de la exuberancia del mundo.
Imágenes de la gran urbe, fragmentos de los últimos gestos humanos reconocibles. Las noticias, los diários íntimos del poder o de la cultura visual de una región, la sensibilización de lo creíble y lo que soñamos. Los sujetos indiferentes a la presencia de la cámara se mueven según el ritmo de sus propios pensamientos.
 

Imágenes en movimiento: la estación del metro, aviones, viajes a pueblos, silencios, soldados marchando en retroceso,  televisores de cristal líquido, ordenadores, y otros tantos accesorios que nos implantan una aceleración a la manera de otras tantas prótesis tecnológicas. Es la era del cyber-reflejo condicionado, del vértigo de la cibermúsica, de los fundidos del inconsciente en una lluvia de imágenes digitales, vértigo espasmódico de señales que se encienden y apagan, del gesto televisivo, vértigo espasmódico de señales que se encienden y se apagan, del gesto neurótico y ansioso del zapping o el molesto corte del semáforo en las esquinas que parasitan el sistema de interrupciones artificiales y alimentan nuestra dependencia de los efectos especiales.

La construcción del sentido social se desplaza del espacio de la política, hacia un mundo que no tiene historia, sólo pantalla. Son las nuevas formas de producción, las de un nuevo universo simbólico en donde se resignifican las viejas utopías mediante un proceso de descontextualización que las convierte en imágenes sin historia; en mercancías.

Monroy no busca nuestra soledad sino que demanda un espejo simbólico en el que poder reencontrar a los otros desde nuestro interior. Buscamos en el espejo, gracias a sus experimentaciones sonoras, a sus dislocaciones de imágenes la unidad de una fotografía, de una cinta de video a la que sólo llevamos nuestra fragmentación de nuestras experiencias. él, aquél que se apasiona con lo obsceno, con remover aquello que casi a diario convivimos pero que poco establecemos, es él quien nos da la respuesta de un amor disfuncional, como aquél que le profesamos a los objetos, aquel que los abraza a la vez que los rechaza. La misma dualidad entre coleccionismo y desperdicio da cuenta de esta ambivalencia.

No esperemos entonces encontrar movimiento en su obra, porque de entrada, Rafael bloquea nuestra función de síntesis humana cuando experimenta con lo que almacenan nuestros ojos.

http://www.myspace.com/rafaelmonroy

http://www.youtube.com/user/rafammondragon

 

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